
Veteranísimos precursores de la corriente británica mejor conocida como NWOBHM y con tres décadas ya de carrera artística, Saxon todavía siguen activos y al pie del cañón (sin haber alcanzado nunca el éxito masivo que tienen bandas como Iron Maiden), realizando aún colosales presentaciones en directo y al mismo tiempo editando dignísimos trabajos como su monumental álbum anterior “The Inner Sanctum” (2007), sin duda uno de los mejores de toda su vasta discografía.
Para el décimo octavo disco de estudio de la banda, “Into The Labyrinth” (2009), cualquiera habría pensado que el mítico cantante Biff Byford y Cía. se iban a enfrentar a una tarea realmente titánica: superar o al menos igualar la calidad y la contundencia de su último trabajo, algo que habría sido estresante para cualquier otra banda, pero en cambio, los anglosajones han decidido retomar el sonido más clásico de discos como “Solid Ball Of Rock” (1991), “Dogs Of War” (1995) o “Unleash The Beast” (1997) y ponerlo al día.
Una vez más queda patente que lo de Saxon va más allá de modas y generaciones, sin importar cuales son las corrientes imperantes del momento, la música de los británicos se sigue moviendo dentro del heavy metal más puro, pues sólo es rock duro de carácter inglés y ausente de cualquier artificio insustancial. Saxon saben muy bien a quienes están dirigidas sus canciones, y en ese sentido la banda premia la fidelidad de sus seguidores con discos que aunque siguen sonando clásicos, tampoco desmerecen un ápice en los tiempos que corren.
Tras una misteriosa introducción, el extenso “Battalions Of Steel” arranca de manera fortuita con un riff crudo y directo y se transforma en una canción que destila heavy metal por todos los cuatro costados, pese a la atmósfera sinfónica que recrean los teclados de fondo. La añeja voz de Bifford no cambia, las guitarras de Paul Quinn y Doug Scarratt suenan sumamente poderosas y la batería de Nigel Glockler está más devastadora que nunca.
El primer single del disco, “Live To Rock”, recuerda inevitablemente al mencionado “Solid Ball Of Rock”. Con un comienzo completamente demoledor, donde destaca el bajo de Nibbs Carter, el corte tiene un estupendo ritmo in crescendo y un efectivo estribillo que lo convierten por derecho propio en uno de los temas fundamentales de este nuevo trabajo de Saxon.
Una canción como la aplastante “Demon Sweeny Todd” está completamente impregnada del frenesí metálico de “Witchfinder General” de “Lionheart” (2004), un tema con un ritmo cuasi infernal con el que resulta imposible dejar de mover la cabeza y los pies; mientras la épica “Valley Of The Kings” (antecedida por el corto y pausado interludio “The Letter”) recuerda al tema-título del mismo disco, aunque su grandioso estribillo es, si cabe, mucho mejor.
La faceta más clásica de la banda, donde se mezclan perfectamente el heavy metal con el rock and roll de toda la vida, queda estupendamente representada por “Slow Lane Blues”, una especie de medio tiempo que termina convirtiéndose en otra de las joyas del álbum.
El sonido de la banda sajona se endurece notablemente con el crudísimo “Crime Of Passion”, un tema donde las guitarras se atreven incluso a rozar el thrash metal y la voz de Byfford también gana fuerza e intensidad durante su interpretación.
El segundo interludio instrumental “Premonition In D Minor” da paso al medio tiempo “Voice”, un corte que se acerca fallidamente al perfil más clásico y rockero de Saxon; mientras el repetitivo “Protect Yourselves” se mueve por derroteros bastante más contemporáneos.
En “Hellcat” la banda vuelve a pisar el acelerador, aunque con resultados bastante más discretos de los esperados; y “Come Rock Of Ages (The Circle Is Complete)” es otro buen corte a medio camino entre el hard rock más clásico y el heavy metal más directo.
Para cerrar el disco, Saxon han decidido incluir una nueva versión de “Coming Home”, una canción que ya apareció en “Killing Ground” (2001) en su momento, la cual posee ahora un aire mucho más intimista y sombrío, algo bastante extraño para terminar otro episodio de esta nueva época dorada del grupo británico. Sin superar al magnífico “The Inner Sanctum”, Saxon vuelven a entregarnos una vez más canciones con poderosas guitarras, estribillos contundentes, buenos solos y la omnipresente voz de Byfford en un disco más sosegado que todos los trabajos recientes de la banda, pero al mismo tiempo más equilibrado y directo. Enhorabuena…
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