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Con base a esfuerzo, dedicación y sobretodo soberbios trabajos discográficos, Dream Theater se han convertido indiscutiblemente en el principal referente del metal progresivo a nivel mundial desde su histórico “Metropolis Pt. 2: Scenes From A Memory” (1999), manteniéndose en la cima del género desde entonces, pese a que en sus últimas entregas han empezado a dar algunas muestras de asentamiento compositivo, como si empezaran a reutilizar más los recursos de su fructífero pasado, optando por reafirmar su inigualable estilo con cada vez menos elementos innovadores.
Si bien la personalidad y el sonido distintivo de Dream Theater siguen estando presentes en su décimo álbum de estudio, también es evidente que la banda sigue en constante evolución, aunque a una velocidad cada vez menor, pues en “Black Clouds & Silver Linings” (2010) se aprecian algunos pequeños guiños a bandas como Mastodon y Opeth, un hecho sobre el cual su batería Mike Portnoy seguramente es el principal impulsor.
Nuevamente la banda ofrece un disco bastante difícil de digerir al principio, pues las primeras escuchas terminan dejándote algo frío e incluso llegan a decepcionarte ligeramente, pero conforme ponemos a prueba nuestra paciencia y buen oído, es fácil caer en la cuenta de que los reyes de las melodías imposibles y milimétricamente encajadas han vuelto a regalarnos una nueva descarga de música con mayúsculas, pues su nueva amalgama de solos interminables, progresiones y ritmos inverosímiles encadenados unos con otros, hace de éste un nuevo trabajo que sumar a su larga lista de obras maestras.
Subiendo notablemente el listón con respecto a su anterior “Systematic Chaos” (2007), en este “Black Clouds & Silver Linings” Dream Theater ofrecen solamente seis composiciones nuevas, aunque las dos terceras partes de éste sobrepasan ampliamente los diez minutos de duración.
Como ya viene siendo habitual, Dream Theater empiezan su nuevo trabajo de forma absolutamente heavy y contundente, pues “A Nightmare To Remember” es uno de esos temas épicos y monstruosamente grandes que tienen la inconfundible marca de la casa, donde tras la superficial capa barroca al estilo de “Systematic Chaos” se esconde un extenso pasaje melódico que deslumbra como hacía tiempo no lo hacía la banda. Sin embargo, la polémica tampoco está exenta, ya que la inclusión de la voz semi gutural de Portnoy así como los blast beats del final del corte seguramente dividirán a los seguidores de la banda.
El primer single del álbum es “A Rite Of Passage”, un corte con una atmósfera muy oscura y mística al principio, pero que luego deja salir un estribillo bastante melódico y que brilla con luz propia. Además de la versátil voz de James LaBrie, lo más notable del corte son los dos solos incluidos, primero uno a cargo de la guitarra de John Petrucci y luego entra en acción Jordan Rudess con un extraño efecto robótico extraído de sus teclados.
Aunque la delicada balada “Wither” quizás posea un formato demasiado comercial, Rudess crea la suficiente profundidad con sus teclados para que la voz de Labrie se desenvuelva de manera cálida y limpia por encima. Muy cerca al final, la interacción exacerbadamente minimalista de ambos se convierte en una magnífica antesala para el sencillo pero preciso solo de Petrucci, muy al estilo Brian May (Queen).
El cuarto corte del álbum, “The Shattered Fortress”, es el punto final de la “Twelve-Step Suite”, esa gigantesca obra de genialidad musical que la banda viene construyendo desde los tiempos de “Six Degrees Of Inner Turbulence” (2002), que describe el proceso de rehabilitación alcohólica que pasó Portnoy, y que termina aquí de forma completamente excepcional con sus tres últimas partes (“Restraint”, “Receive” y “Responsible). Indudablemente “The Shattered Fortress” es un de los temas fundamentales del disco y seguramente merecería un análisis propio junto a la suite completa, pues la banda logra enlazar maravillosamente cada canción con la base original, sin que parezca una unión de pedazos al azar. Otro de los temas más contundentes de la carrera de Dream Theater que termina de forma excelente con la melodía inicial de “The Root Of All Evil” –“Octavarium” (2005)-.
La grandilocuente “The Best Of Times” es una bellísima canción compuesta por el batería de la banda en honor a su padre, Howard Portnoy, que falleció poco tiempo después de escucharla, ya que la banda la interpretó para él en la habitación de su hospital. Los primeros minutos parecen extraídos directamente de “Falling Into Infinity” (1997), ya que los teclados hacen suponer que es Derek Sherinian (Planet X) y no Rudess quien está tras de los teclados. Una canción que toca más de una fibra sensible y culmina con unas progresiones realmente alucinantes.
El disco lo cierra la épica “The Count Of Tuscany”, una descarga de horror, agobio y miedo que se convierte en lo mejor que ha grabado la banda desde “Train Of Though” (2003). En un incesante cambio de ritmos y melodías, su ambiciosa estructura recuerda a la infravalorada “Trial Of Tears” del mencionado “Falling Into Infinity”, pero con personalidad suficiente como para sonar como una pieza única dentro de la discografía de Dream Theater, destacando sobretodo la gran mancuerna que hacen Portnoy y el bajista John Myung. Una canción que justifica por sí sola la existencia del disco en el que viene incluida y que termina disfrutándose más y más con cada escucha sucesiva.
Catorce años después de la edición del EP “A Change Of Seasons” (1996), Dream Theater vuelven a sorprender con la edición especial de “Black Clouds & Silver Linings”, pues ésta incluye un disco compuesto íntegramente de estupendas versiones como “Stargazer” de Rainbow –“Rising” (1976)-, aunque la voz de LaBrie quedé muy por debajo de la de Ronnie James Dio; el cuidadoso medley de Queen compuesto por los cortes “Tenement Funster”, “Flick Of The Wrist” y “Lily Of The Valley” –“Sheer Heart Attack” (1974)-; el inquietante instrumental “Odyssey” de Dixie Dregs -“What If” (1978)-; “Take Your Fingers From My Hair” de Zebra –“Zebra” (1983)- y su delicada melodía; el ecléctico “Larks Tongues In Aspic Pt. 2” de King Crimson -“Larks Tongues In Aspic” (1973)-; para terminar con “To Tame A Land” de Iron Maiden –“Piece Of Mind” (1983)-, un corte que nuevamente deja mal parado a LaBrie con respecto a la grabación original con Bruce Dickinson al frente. Nuevamente estamos ante un lanzamiento muy completo, que se consuma estupendamente con un tercer disco compuesto por las mezclas instrumentales de todos los cortes contenidos en la edición regular de “Black Clouds & Silver Linings”, y que viene a demostrar que los seguidores de la banda están de enhorabuena. A disfrutarlo de principio a fin…!!
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