
Altamente subvalorados y despreciados por muchos tras el éxito que supuso “Empire” (1990), Queensrÿche regresan al primer plano metálico de la mano de su nuevo álbum de estudio, “American Soldier” (2009), continuando así con el distanciamiento de su sonido más comercial, un camino que emprendieron hace muchos años atrás con el imprescindible “Promise Land” (1994), aunque la banda de Seattle siempre ha ofrecido trabajos honestos, interesantes, musicalmente arriesgados y que merecen una reiterada revisión pues en su propuesta siempre hay cosas nuevas por descubrir con cada escucha.
Sin embargo, el disco de versiones “Take Cover” (2007) así como su controvertido trabajo anterior “Operation: Mindcrime II" (2006) han ayudado indudablemente a que la banda vuelva a recuperar la atención que merecía del público, permitiéndoles montar una exitosa gira mundial en la que representaron de forma teatral el mítico “Operation: Mindcrime” (1988) y su citado sucesor.
Reconvertidos en cuarteto tras la salida del guitarrista Mike Stone (Speed X, ex Criss), la banda ahora ofrece un álbum conceptual sobre las guerras a las que se ha enfrentado EE.UU. recientemente y sus gravísimas consecuencias, suponiendo una vuelta a su vertiente más inspirada, con canciones intensas, profundas, potentes y estremecedoras.
Si hay algo que destacar dentro de este trabajo de Queensrÿche es sin duda la prodigiosa voz de Geoff Tate, rebosante de fuerza y emotividad como siempre, pero mostrando un tono mucho más pesimista y sombrío de lo acostumbrado. Aunque Michael Wilton figura como único hacha oficial de la banda, el peso de las guitarras recae también en dos viejos conocidos: Kelly Gray (ex Queensrÿche, Myth) y Damon Johnson (ex Alice Cooper, Brother Cane, Sammy Hagar). La sección rítmica permanece inamovible con el sobrio Eddie Jackson al bajo y el portentoso Scott Rockenfield en la batería; mientras que de los teclados se ha hecho cargo Randy Gane (ex Myth) como invitado, quien también acompañó a la banda como músico en directo durante la gira de “Rage For Order” (1986).
Con el intermitente apoyo vocal de A.J. Fratto (Below The Stitch) y el cantante solista Jason Ames, en un estilo abiertamente crossover Queensrÿche abren el disco con “Sliver”, un tema potente, directo y con un perfil bastante contemporáneo, lo que seguramente desconcertará a los más puristas, aunque Tate al mismo tiempo demuestra estar en perfecta forma, brillando con luz propia.
El siguiente “Unafraid” es aún más extraño si cabe, pues está lleno de repetitivas voces y pesadas guitarras de fondo, con Tate repitiendo una y otra vez el mismo estribillo y Wilton regalándonos un excelente solo de guitarra.
“Hundred Mile Stare” es un melódico medio tiempo, muy típico en el estilo de la banda y que posee un exquisito desarrollo vocal de Tate; mientras el pausado “At 30.000 Ft” está repleto de armonías vocales, cambios de ritmo y voces dobladas que sin deslumbrar dan como resultado una gran composición, tanto a nivel instrumental como lírico.
En el evocador “A Dead Man’s Words” es Vincent Solano (Lurker Park) quien se reparte fabulosamente las líneas vocales con Tate en una de las mejores composiciones del disco y de la carrera de Queensrÿche sin lugar a dudas, la cual podría encajar fácilmente entre el mítico “Empire” y el incomprendido “Promised Land”.
Aunque “The Killer” resulta ser el corte más machacón en el papel, al mismo tiempo tiene una inquietante atmósfera progresiva que recuerda muchísimo a Peter Gabriel y los primigenios Genesis; mientras el sincopado “Middle Of Hell” reduce las revoluciones de la banda hasta hacerse algo cansino.
El nativo de Denver, Colorado (EE.UU.), Jason Ames, vuelve a colaborar con Queensrÿche en “If I Were King”, un corte que comienza con la grabación de una de las conversaciones que sostuvo Tate con un veterano de guerra americano, convirtiéndose en uno de los mejores pasajes del disco gracias a que posee una serie de ecos a la época gloriosa de la banda sin caer en el autoplagio.
La novena “Man Down!” es una de las canciones más heavies, rápidas y potentes del disco; contrastando irremediablemente con la siguiente “Remember Me”, un medio tiempo que parece rememorar sutilmente a los Pink Floyd de antaño.
“Home Again” es una brillantísima balada, cargada de mucha emotividad y frescura, donde el cantante hace un excelente dueto con su hija de 10 años de edad, Emily Tate; para luego dar paso al cierre definitivo con la grandilocuencia de “The Voice”. Sin mayores altibajos y con algunas sorpresas, “American Soldier” es un disco equilibrado y sobresaliente, donde las guitarras recuperan la tensión de antaño al tiempo que Geoff Tate destaca en su faceta más solemne y convincente. Quien espere un regreso de la banda a su sonido de los 80’s seguramente se topará con una muro infranqueable, pero quien escuche el álbum con la mente abierta disfrutará el mejor trabajo que nos ha regalado la banda en los últimos quince años.
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