
Después del prominente regreso de Avantasia a principios de este año con su tercer álbum “The Scarecrow” (2008), el prolífico y talentoso cantante germano Tobias Sammet regresa con su banda matriz Edguy para entregarnos su octavo disco de estudio, “Tinnitus Sanctus” (2008), cuyo mordaz título hace referencia a al conocido malestar del oído en términos santos…
Y aunque en el anterior “Rocked Ride” (2006) la banda ya profundizó a nivel musical en la vertiente hard rockera típicamente americana que inició sutil y progresivamente con los discos “Mandrake” (2001) y “Hellfire Club” (2004) mientras marcaba distancias con el power metal melódico de sus inicios, aquel lanzamiento se erigió como uno de los más frescos, directos e interesantes del 2006, por lo que no iba a ser nada fácil enfrentarse al proceso compositivo de un nuevo álbum.
En términos generales, podría afirmarse que “Tinnitus Sanctus” se ciñe a lo esencial y mantiene la buena tradición musical de Edguy en once cortes de gran calidad, pero que poco tienen que ver ya con todo lo que la banda hizo en el disco anterior, pues las evidentes influencias del heavy metal y del hard rock clásico salen a relucir en los riffs pesados y sucios, las grandes melodías, los efectivos solos de guitarra y los coros cargados de feeling, acercándose sólo parcial y relativamente a lo hecho en el mencionado “Hellfire Club”, aunque con otra pequeña vuelta de tuerca pues le han añadido nuevos ingredientes a su música para lograr un sonido más compacto y completamente adictivo.
El disco se inicia con el potente (y extraño para iniciar el disco) “Ministry Of Saints”, un tema que sorprende por sus pesados riffs entrecortados, el uso ya habitual de sintetizadores por debajo de la base rítmica y un estribillo de lo más clásico en Edguy.
Mucho más directo resulta ser “Sex Fire Religion” pese a su sombría atmósfera y la melodía a medio tiempo que posee. La banda lleva el tema hasta la estrecha línea que divide el hard rock del heavy metal melódico, con algunos cambios de ritmo ciertamente desconcertantes, mientras los fabulosos coros dejan de lado la épica habitual.
Uno de los cortes fundamentales del disco indudablemente es “The Pride Of Creation”, uno de los pocos vestigios del power metal melódico de antaño, donde la banda rescata la frescura y carácter épico de sus inicios para añadirle la ambientación festiva tan propia de temas más actuales como “Lavatory Love Machine” o “Wasted Time”. Las guitarras de Jens Ludwig y Dirk Sauer recuperan su mayor velocidad mientras nuevamente vuelve a escucharse el doble bombo de Felix Bohnke acompañado del gran trabajo del bajista Tobias ‘Eggi’ Exxel, en uno de los cortes más completos y con los mejores estribillos de todo “Tinnitus Sanctus”.
En el cuarto “Nine Lives” se puede apreciar claramente la evolución del sonido típicamente power metálico de la banda por derroteros mucho más melódicos y con un tratamiento notablemente más actual en las guitarras, aunque sin perder el buen gusto por los solos sencillos pero efectivos.
Las vertiginosas guitarras de la dupla Ludwig/Sauer nuevamente vuelven a aparecer en “Wake Up Dreaming Black”, mientras la banda sube significativamente el listón con un estribillo realmente memorable, que por momentos inclusive llega a recordar a las canciones de “Theater Of Salvation” (1999), con la inconfundible y particular voz de Sammet.
El inicio del hard rockero “Dragonfly” ya nos hace esperar lo mejor de la banda, pues Edguy demuestran una vez más saber conjugar a la perfección todos los matices de su música, los cuales van desde el heavy metal más clásico hasta el hard rock melódico, con un tono bastante dramático y épico en las líneas vocales de Sammet, cuyo timbre de voz nuevamente nos recuerda al gran Bruce Dickinson (Iron Maiden, ex Samson).
El cálido medio tiempo “Thorn Without A Rose” es un tema que comienza de forma absolutamente suave y pausada, mostrando ampliamente la faceta más melódica e inspirada de Edguy para crear una canción por la que la mayoría de los seguidores del hard rock melódico seguramente matarían.
La estupenda “9-2-9” es una de las canciones más melódicas de la banda, con abundante programación y un sonido plenamente moderno que permite a ambos guitarristas experimentar un poco con sus instrumentos; mientras en la siguiente “Speedhoven” se mezcla magníficamente el power metal melódico más potente y veloz (sólo basta escuchar los impresionantes coros épicos) con el hard rock de los últimos discos de la banda.
El último corte oficial “Dead Or Rock” es una nueva concesión de la banda al hard rock más clásico y vacilón, un auténtico trallazo rockero que incita inmediatamente a mover los pies sin parar, como la banda ya lo hiciera en el anterior disco con el propio tema-título “Rocked Ride”.
Y como ya es habitual en Edguy, el toque humorístico del disco viene con el bonus track “Aren’t You A Little Perver Too?”, donde Sammet y Cía. se han atrevido a grabar un corte a medio camino entre el rockabilly y el country rock (donde han contado con la participación del comediante Granato Rambocco & The Killers), que en el plano estrictamente musical poco o nada aporta al conjunto del disco. Grabado nuevamente en los Gatestudios de Wolfsburg (Alemania) bajo la batuta del experimentado y reconocido productor Sascha Paeth, Edguy nuevamente ofrecen un disco fresco, potente, directo y con un sonido francamente aplastante, pese a que a nivel compositivo éste se haya quedado ligeramente por debajo de sus dos anteriores entregas.
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