
El primer disco de estudio de la banda de Chris y Rich Robinson en siete largos años muestra más que firmes a The Black Crowes en su misión de llevar la posta del rock de los 70's en pleno siglo XXI, tarea que han llevado a cabo desde que iniciaron su andadura en la música con su gran debut “Shake Your Money Maker” (1989).
A finales del 2006 ya había saltado la noticia de que The Black Crowes volvían a escena para realizar una corta gira por EE.UU., por lo que solamente restaba esperar que la convivencia y el tiempo terminen de hacer superar las diferencias entre los hermanos Robinson y pronto regresen con la continuación del arriesgado (pero soberbio) “Lions” (2001). Aunque para volver a calentar el terreno y aprovechando el anuncio de su vuelta, se puso en circulación el doble directo “Freak ‘N’ Roll Into The Fog Live” (2006) y posteriormente el excelente recopilatorio “Lost Crowes” (2006), una colección de rarezas y temas inéditos de auténtico lujo.
Finalmente y luego de algunos retrasos a lo largo de dos años de concienzudo trabajo, el nuevo “Warpaint” (2008) puede ver la luz como una especie de continuación natural de la sublime colección de canciones que tuvo “Amorica” (1994) y en menor medida del siguiente “Three Snakes And One Charm” (1996). Una vez más The Rolling Stones, The Faces, Humble Pie y Led Zeppelin son las presencias sobrecogedoras en todo el disco (como en el resto de su discografía), aunque tampoco se puede negar que con los años The Black Crowes han ganado autoridad y autenticidad en lo que ya han moldeado como su propio sonido.
Los hermanos Robinson, perfectamente secundados por sus viejos conocidos Steve Gorman (batería) y Sven Pipien (bajo), y junto a los recién llegados Adam Macdougall (teclados) y Luther Dickinson (guitarra), han grabado un disco relajado, compuesto sin ningún tipo de presiones ahora que han fichado por un sello discográfico independiente, y donde los gloriosos himnos rockeros de antaño han cedido el paso a una música más reposada (los años no perdonan a nadie), pero con una calidad envidiable y una excelente labor de producción a cargo de Paul Stacey.
El disco tiene verdaderas joyas como “Goodbye Daughters Of The Revolution” que abre el álbum, un tema que indudablemente enfervorizará a los fieles seguidores de la banda, pues no son pocos los recuerdos de la frescura de sus primeros “Shake Your Money Maker” y “The Southern Harmony And Musical Companion” (1992) que se nos vienen a la mente.
Sin embargo, es a raíz del segundo corte del disco, “Walk Believer Walk”, un pesado y marcado blues rock de gran categoría, que The Black Crowes ya no quieren repetir las mismas fórmulas del pasado y más bien demuestran estar al final de un largo trayecto de experimentación y reinvención musical.
Los hermanos Robinson siempre hicieron baladas capaces de tocar lo más profundo del alma, pero se hace difícil recordar alguna tan pura y sobrecogedora como “Oh Josephine” desde la bellísima “Descending” (incluida en el mencionado “Amorica”). Uno de los mejores momentos del disco porque en sus más de seis minutos y medio de duración, cada segundo es seguido por otro aún mejor.
El inevitable aroma a añejo que siempre han tenido las composiciones de la banda sigue fluyendo en canciones como la deliciosa “Evergreen” y en menor medida en el siguiente ‘We Who See The Deep’, cuyo riff parece encaminar a The Black Crowes hacia algo realmente potente, pero no es más que una sutil artimaña. Lo realmente concreto es que la dupla formada por las guitarras de Rich Robinson y Luther Dickinson termina funcionando de maravilla.
En el disco también brilla con luz propia “Locust Street”, un corte donde un pequeño punteo de Rich Robinson acompaña siempre a la cálida voz de Chris Robinson, mientras la música de tonalidades blues es capaz de transportarte a la época acústica de Led Zeppelin; maestros a los cuales en el siguiente “Movin’ On Down The Line” The Black Crowes parecen rendirles un pequeño pero sentido homenaje.
En el octavo y tremendo “Wounded Bird”, la banda parece retroceder hasta la época de “By Your Side” (1998), pues la potencia en las guitarras y una lírica que refleja mejor que nada lo que son The Black Crowes son la firme prueba de ello; mientras el intenso cover “God’s Got It” del reverendo Charlie Jackson es también uno de los protagonistas indiscutibles de esta placa.
Al final de “Warpaint” podemos encontrar otros encantadores pasajes como la sutil heterogeneidad de “There’s Gold In Them Hills’ y sobretodo “Whoa Mule”, una canción que fue grabada al aire libre y que destila psicodélica, influencias hindúes y cierto regusto a country rock por partes iguales. Chris Robinson canta con mucha desenvoltura y las percusiones son el soporte idóneo para un tema bastante cósmico. Un disco de rock cargado de raíces blues, con muchos toques soul y alguno que otro detalle gospel. Un disco que exhala mucho feeling y donde las guitarras hablan a través de sus slides, pero al que lamentablemente le hace falta algo de fuerza e intensidad para poder llegar al nivel de sobresaliente. Aún así, indispensable para todos los seguidores de la banda.
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